En mi anterior entrada os hablé de un nexo común que vais a encontrar en este blog, el cuidado y el autocuidado como forma de vida. ¿A que me refiero cuando hablo de autocuidado? Pues nada más y nada menos que a esas acciones que realizamos para priorizarnos, para darnos el espacio que nos merecemos, para nutrir el alma y conseguir alinear cuerpo, mente y espíritu.

¿Has oído hablar del cortisol?
El cortisol es una hormona segregada por las glándulas suprarrenales junto con la adrenalina cuando es percibido un momento de estrés. Son las que nos ayudan a reaccionar en un momento de peligro y poder sobrevivir.

La adrenalina aumenta la presión arterial y la frecuencia cardiaca así como la energía. El cortisol aumenta la glucosa en la sangre, posibilita una mejor utilización de esa glucosa en el cerebro y en el resto de tejidos. También limita las acciones que no serían necesarias en un momento de peligro por lo que altera el sistema inmunitario y disminuye la acción de los sistemas digestivo, reproductor y de crecimiento. Una vez desaparecido el peligro estas hormonas vuelven a la normalidad.

El problema es que el cortisol se segrega ante un estrés real pero también ante un estrés imaginario. Y una elevación continuada de los niveles de cortisol pueden generar múltiples trastornos como ansiedad, depresión, problemas digestivos, dolores de cabeza y musculares, enfermedades cardiacas, aumento de peso, falta de memoria y concentración entre otras.

En una sociedad en la que la prisa y la inmediatez están a lo orden del día nuestro grado de cortisol está por las nubes y necesitamos herramientas para poder disminuirlo. Es por eso que te planteo una serie de propuestas de autocuidado para mantener el estrés a raya.

Una alimentación basada en alimentos antiinflamatorios como frutas, verduras de hoja verde, cereales sin gluten, pescado azul son una buena opción.

Con el ejercicio físico liberas endorfinas, también conocidas como hormonas de la felicidad. Disminuyen el dolor y aumentan la sensación de bienestar.
La relajación muscular progresiva, meditación, visualización guiada, yoga, mindfulness son alguna de las técnicas más usadas para calmar la mente y permitirte unos momentos para mirar hacia el interior.

Llama a un amigo y desconecta con una conversación que aporte, evita los temas negativos, las críticas y los juicios que no te llevan a ningún lado.
Leer, escuchar música, ver una película. Dedica algo de tiempo para estas actividades.

Enfócate en lo que quieres y rechaza lo que no quieres.
Date algún capricho de vez en cuando, ¡te lo mereces!

Permítete realizar estas actividades para conseguir mantener a raya el estrés. Conseguirás una mejor calidad de vida, disminuirás la ansiedad, la presión arterial y el dolor. Aumentarás la concentración y tus relaciones serán más saludables.

Recuerda que los grandes cambios, empiezan con pequeños gestos.

Que tengáis un bonito día.